Edición N° 373 - Mayo 2014

Bettina Brizuela muestra sus “Recolecciones”

 

En este material, Lorenzo Zuccolillo nos acerca a la obra de la artista plástica  -que incluye instalaciones, esculturas, objetos, video y fotografías- reunida en una exposición habilitada en marzo pasado en la Sala Goya 2 del Centro Cultural de España Juan de Salazar (Ccejs) de nuestra ciudad.  Estará abierta hasta el 17 de mayo y se la puede visitar de lunes a viernes de 15 a 21 y los sábados de 18 a 21 con acceso libre y gratuito.

El periodista en temas de arte, comunicación y diseño, arquitecto Javier Rodríguez Alcalá -quien firma sus escritos como Lorenzo Zuccolillo-, acercó a Mandu’a su charla con Bettina Brizuela, nacida en Asunción en 1969 y donde vive y trabaja. 
La artista plástica estudió en el Centro de Estudios Brasileños con Livio Abramo y en el Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción. En el 2001 recibió el Premio Jacinto Rivero Programa de Mecenazgo Fundación Faro para las Artes Visuales. Participó en Bienales de artes visuales de Porto Alegre, Fortaleza, Buenos Aires, y en exposiciones individuales y colectivas tanto en Paraguay como en el exterior. Desde el 2006 coordina la galería Planta Alta, actual galería nómada Art Office, en conjunto con la galería Monocromo.

Antecedente

Desde el empleo de  distintos lenguajes (fotografía, video, instalaciones), Bettina Brizuela  ha explorado posibles vinculaciones  entre  los objetos y  el lugar personal o social del sujeto  asociado a estos  asociados.
En opinión de Jean Braudillard, los objetos -en general- lejos de ser  neutrales  invariablemente  “transforman alguna cosa, como ser  el grado de exclusividad o de socialización en el uso, sea privado, familiar o público”, dado que  su (aparente) funcionalidad “no califica de ninguna manera lo que está adaptado a un fin, sino lo que está adaptado a un orden o a un sistema” y desde allí inevitablemente forman  parte de  una estructura de lenguaje -de significados por tanto- que trasciende su dimensión meramente utilitaria.
En esta exposición, Brizuela ha  “recolectado” y reprocesado distintas situaciones y objetos (cotidianos e “inimportantes” muchos) vinculados a su vivencia de la ciudad, a las implicancias de dicha vivencia.

LZ. Muchos de tus trabajos anteriores han explorado las vinculaciones (y conflictos) entre lo público y lo privado; entre lo personal/individual y lo colectivo/social. Y  el punto de partida de muchas de esas obras ha sido material vinculado a la construcción,  a un  “procedimiento” constructivo (o de-constructivo); se ha relacionado  con objetos arquitectónicos  y con  propia condición urbana, por ejemplo “Casa Enyesada” o  “Casa de Escombros” ¿Desde qué lugares e intereses se dieron antes (y se dan en esta muestra)  estas “recolecciones” y reapropiaciones?

BB. Antes,  de alguna forma ponía un límite invisible entre el espacio privado y el público, una membrana que protegía ese resultado íntimo de la situación narrada, compartida,  expuesta a la vista de todos digamos, porque dejaba trasparentar lo privado con toda su carga simbólica a lo público. Allí era el individuo ante el colectivo, su espacio privado, el que se dejaba observar, y era el centro de la problemática.
En esta muestra saltan cosas tomadas del exterior y consideradas intuitivamente; Aquí hablo más bien de las cosas con las que me encuentro fuera de mi ámbito privado;  cosas que me traspasan,  que me son inevitables ver y ver y ver; cosas que nos son comunes a todos, están ahí a la vista de todos, día tras día y en el mismo lugar; dejadas, abandonadas; de nadie.
Con relación a ese interés que tengo con las herramientas, la fuerza, la soldadura, el hierro,  el cemento, etc., vienen de la mezcla de experiencias infantiles de felicidad que arrastro.

Creo que destaco la experiencia que tuve con el reciclaje, el cambio  que hicieron mis padres en nuestra casa familiar cuando  yo era pequeña. Nunca olvidare cómo viví ese proceso de mutación y de sentir las posibilidades de los materiales. Fui amiga de los albañiles,  compartía con ellos el tereré,  sus mortadelas y cigarrillos. Observaba sus músculos, escuchaba lo que resolvían... Me enseñaron a usar el nivel, la plomada y a no pisar la liña enrollada en el ladrillo. Una gran experiencia. Tenía entonces un cuadernito sin rayas donde dibujaba planos, casas, bibliotecas, aeropuertos.

Contexto: lugar(es) de la Mujer.

L.Z. Esta muestra  en el Ccejs podría (también) inscribirse en el contexto de actividades vinculadas a la celebración del Día Internacional de la Mujer.  Recordando aquella frase “políticamente incorrecta”, pero  infortunadamente aun vigente en el imaginario colectivo: “el hombre hace, la mujer es”, usualmente se asocian los referentes que empleás en tu obra al ámbito masculino (al “homo faber”, literalmente entendido). En ese sentido ¿la inversión implícita de roles de tu trabajo se propondría -en tanto discurso artístico de género, digamos- como una explícita postulación  de una posible “fémina faber”?

B.B. ¡Jajaja!... ¿Por qué no?... Hace muy poco me di cuenta de que la mayoría de mis trabajos eran el resultado de fuerzas masculinas. Me  cerró la idea con esta exposición precisamente, cuando vi todo lo que había hecho o destruido “el hombre”, la fuerza del hacer: Muchas veces algunos de los hombre con quienes realicé algunas de las piezas me llamaban arquitecta,  lo que para mí también era la manera más simple de encajar en sus mentes, sobre todo de entender sus propias referencias,  con el tipo de cosas que les pedía o requería  para la construcción de una obra. Igualmente veo el machismo, pero lo veo como mecanismo de inseguridad. Se debe utilizar mucha psicología siendo mujer para mover cosas.

“Las ciudades y las Cosas”

L.Z. El material “recolectado” para esta muestra y su reprocesamiento resulta variado e iría  -al menos-  desde el registro de situaciones urbanas concretas (video animación),  la presentación -casi literal-  de objetos reales (“Poste”), hasta las  re-presentaciones (“Portones” y  “Arcushkas”); representaciones del  “rastro-recuerdo” objeto (Sin título: siluetas de herramientas diversas).  Igualmente variadas resultarían las connotaciones asociables a estas obras,  algunas irónicamente “pop” (vistas como “fuente de eventos estéticos”, para emplear tus propias palabras).  Pero otras situaciones, más allá del humor que pueden incorporar, resultan paralelamente  más “densas” en tanto proponen visiones menos amables de la ciudad. ¿Cómo expresarías -en palabras, claro- la actual  condición de ese territorio tuyo de recolección (Asunción)?

B.B. Si, para mi esta muestra representa en conjunto con todas sus piezas un horizonte, un territorio  concentrado; apliqué  en ella  lo que entresaco de Asunción. Se trata de un punto de vista. Al principio me imaginé que la muestra comenzaría por verse desde un punto señalado y luego lo descarté porque se hacía tácita en el recorrido. Ver la ciudad desde un frente y entrar a ella.  Creo que todas son una  re-presentación, desde el martillo pintado que representa el martillo pintado. No me  imaginé en un principio las obras construidas como acabaron siendo,  sino como lo que eran: fotos. También las instalaciones o maquetas iban a tener escala real, pero no me fue convenciendo tanta puesta en escena para mostrar el fragmento de ciudad. Fue un ir y venir de ideas y traté de volverlas lo más magra posible, tomando, convirtiendo algunas en soporte de obra reprocesadas para tomar otro aspecto subyacente y reiterado  como los colores amarillo y negro como símbolo de atención,  aplicados en algunos bloques de cemento, restos de la ciudad, obstáculos que hay que superar.


Fuente
Texto y fotos
Lorenzo Zuccolillo
Gabriela Zuccolillo (reproducidas en Premio Jacinto Rivero, 11 Artistas Seleccionados,  Faro para las Artes, Asunción, 2002) y Bettina Brizuela

 

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