Edición N° 371 - Marzo 2014

Una “casita encantada”, armada con botellas, causa sensación

 

 

Con sus 78 años, Mará Ponce construyó una casa con botellas  plásticas. La convirtió en un hogar encantado. Ingeniosamente construida, la vivienda es objeto de admiración en una de las regiones más pobres en el centroamericano El Salvador.
Doña María, a diario y desde muy temprano, abre las pequeñas puertas de tablas de madera pintadas de color azul de su pequeña casa que construyó sobre la transitada carretera El Litoral en el cantón El Borbollón, en el departamento de San Miguel (125 km al este de la capital San Salvador), desde donde es visible a todos los automovilistas.
“Bienvenidos a mi casita que es la casita encantada”, dice con una sonrisa que la lleva siempre a flor de labios, como señal inequívoca de su orgullo por la humilde pero bien adornada y nada común casa de no más de 10 m2.
Las paredes de la curiosa “casita encantada”, como reza un letrero que la mujer colgó a la entrada del hogar que construyó hace cuatro años, están hechas totalmente de pequeñas botellas plásticas.
El techo, construido con los mismos envases plásticos, está revestido de lámina de zinc “para evitar que se cuele el agua lluvia”.
Para que se mantengan en su lugar, las botellas fueron ensartadas en delgadas varas de bambú enterradas en el suelo.
El piso de la casa, en cuyo interior la anciana tiene solo una mesa con dos floreros y una hamaca para dormir, está tapizado con incontables tapas de plástico o de lata y cada una de ellas ha sido pacientemente pintada a mano por la mujer que gusta de cocinar quesadillas (un pan dulce hecho con queso) en pequeños hornos de cemento y tierra.
“Conseguir los materiales para la casita me llevó un mes y medio pues tenía que andar recogiendo las botellas, y ya la construcción de la casa me llevó tres meses, todos los días desde que salía el sol y hasta que era noche trabajaba yo solita, pero me siento orgullosa porque no tenía una casita y hoy hasta me la admiran”, comentó doña María.
La mujer es analfabeta, ya que nunca conoció la escuela, pero tiene dotes de artista, pues ella misma pintó su casa, la adornó con floreros de barro que fabricó y el piso tiene detalles de flores hechos con cemento “a pura mano”.
“Mucha gente me visita, la gente se baja de los carros y yo los invitó a que conozcan mi casita encantada y les gusta, y cuando se van me dejan algún dinerito para que le de mantenimiento a la casita que es pequeña, pero es mi refugio de paz”, sostuvo María, que perdió su casa de paredes de barro cuando el país fue sacudido por dos terremotos el 13 de enero y el 13 de febrero del 2001.
La zona donde vive destila pobreza: pequeñas chozas con paredes de barro y niños descalzos con sus rostros sucios con tierra. Pocas casas poseen servicio de luz eléctrica o agua potable.
“Dios un día me reveló en un sueño cómo tenía que hacer mi casa y yo se los conté a mis vecinos y a mi familia, entonces me dijeron que estaba loca, pero ahora ya no piensan igual y hasta me dicen que les construya una igual, pero ahora que se jodan”, expresó la anciana al tiempo de soltar una carcajada, segura que su casita encantada es única en el país... y tal vez en el mundo, considerando la obra y su artífice.

 

Fuente
www.labioguia.com
 

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