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Año 44 - N° 513 - Febrero 2026

Editorial

El acuerdo UE–MERCOSUR y el desafío del desarrollo

La firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur en Asunción marca un hito relevante para la región y, en particular, para Paraguay. Desde Mandu’a lo entendemos como una señal positiva: una oportunidad para integrarnos de manera más activa a un espacio económico amplio, con estándares técnicos, ambientales y sociales elevados. En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas y fragmentación, el fortalecimiento del diálogo y la cooperación internacional sigue siendo una apuesta valiosa, aunque exige una lectura crítica y responsable.

Para la industria de la construcción, el acuerdo abre expectativas concretas. Un posible aumento de inversiones, el acceso a nuevas tecnologías, materiales y procesos constructivos, así como el intercambio de conocimiento, pueden contribuir a mejorar la calidad del entorno construido. Del mismo modo, la aproximación a estándares europeos en eficiencia energética, sostenibilidad y seguridad laboral representa una oportunidad para modernizar prácticas que aún responden, en muchos casos, a lógicas de corto plazo.

Sin embargo, el optimismo no debe ocultar los desafíos. La apertura de mercados y el aumento de la competencia pueden intensificar la presión sobre costos, plazos y condiciones de trabajo. Sin marcos regulatorios sólidos y una fiscalización efectiva, existe el riesgo de que la competitividad se construya a costa de la calidad, del ambiente o de los derechos laborales. La construcción, como sector intensivo en recursos y mano de obra, requiere políticas que prioricen la durabilidad, la trazabilidad y el impacto social de cada proyecto.

Esta tensión entre oportunidad y riesgo atraviesa también otros sectores clave, como la agricultura, la industria, la energía y los servicios. Para Paraguay, el desafío estructural persiste: evitar consolidar un rol limitado a la exportación de materias primas y avanzar hacia modelos productivos con mayor valor agregado, innovación y conocimiento local. El acuerdo puede ser un catalizador, pero no sustituye una estrategia de desarrollo clara y sostenida.

Además, tras la firma en Asunción, el Parlamento Europeo ha frenado temporalmente la ratificación del acuerdo, al decidir en una votación muy ajustada remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para evaluar su compatibilidad con los tratados y las competencias comunitarias. Con 334 votos a favor y 324 en contra, esta decisión introduce una incertidumbre jurídica que podría retrasar la aprobación definitiva durante meses o incluso años.

Desde una perspectiva ética, el acuerdo UE–Mercosur interpela a la sociedad en su conjunto. ¿Estamos preparados institucionalmente para cumplir estándares más exigentes y, sobre todo, para hacerlos cumplir? ¿Cómo se protegerán los ecosistemas, las comunidades locales y los trabajadores ante una mayor presión productiva? ¿Quiénes se beneficiarán realmente de este nuevo marco?

La firma del acuerdo es una buena noticia. Pero su verdadero valor no estará en la foto oficial ni en las promesas de crecimiento, sino en la capacidad de traducirlo en desarrollo sostenible, inclusivo y de largo plazo. Solo así podrá convertirse en una herramienta de transformación real.

 

 

 
 

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