Edición N° 443 - Marzo 2020

Radar

 

 

Falleció Domingo Riquelme, leal amigo y proveedor  de Mandu’a

Inesperadamente, el pasado 2 de febrero dejó de existir el empresario gráfico y ganadero Domingo Riquelme Estigarribia.

Tanto en el ámbito familiar como en el círculo de sus amigos, su deceso produjo honda consternación. Desde estas páginas, Mandu’a se hace eco de la sorpresa y pesar con que se recibió en la revista su repentino fallecimiento, dada no solamente su calidad de confiable proveedor, sobre todo por la amistad que se había forjado a lo largo de tantos años de trabajo.

 

Su trayectoria empresarial

Con tan solo 53 años, había forjado una poderosa empresa gráfica y una ganadera del mismo nivel, cuyos numerosos premios obtenidos en otras tantas muestras rurales de las que participaba, se ofrecían a la vista y admiración de quienes visitaban su oficina.

Se había iniciado en el mundo gráfico siendo adolescente, en la pequeña editora y publicitaria que en la década de 1980 montara su hermano, Tomás, donde, entre otras tareas, ayudaba en el aseo del lugar. Paulatinamente fue aprendiendo los secretos de las artes gráficas hasta que en 1998, con una vieja offset montó una muy pequeña imprenta en el barrio Jara. Desde entonces, junto con su esposa, Cristina y unos pocos colaboradores, bregó incansablemente por hacer crecer el negocio recorriendo la ciudad ofreciendo sus servicios. Con la filosofía de ganar menos y hacer cada vez mejor los trabajos que tomaban, sin importar su volumen, fueron creciendo  y ganando prestigio como proveedores confiables, preocupados no solamente por la calidad de los trabajos encomendados, también por el cumplimiento en tiempo de las entregas, llegando a un nivel muy competitivo con otras empresas del rubro. Posteriormente viaja con el fin de conocer más a fondo las posibilidades que ofrecía el primer mundo, incorporando progresivamente maquinaria y conocimiento hasta llegar a ser lo que es hoy, la gran imprenta Artes Gráficas Riquelme (AGR).

En alguna ocasión, Domingo (Minguito, para sus familiares y amigos) dijo que él venía de una familia humilde de Costa Irala, Quiindy, donde se trabajaba mucho para ganar poco y que esa época la recordaba como la más feliz de su vida.

Incursionó en la cría de ganado: bovinos Brangus y equinos de raza criolla, de alta calidad genética, en su establecimiento Santo Domingo, ubicado en su valle Quiindy. 

Su trato recto, afable y sencillo le brindó muchos amigos en todos los ámbitos que frecuentó. Es por ello que su partida acongoja a buena parte de nuestra sociedad.

Mandu’a envía su abrazo de solidaridad y entereza a su esposa Cristina y a sus hijos Nathalia, Cinthya, Leticia y Giuliano, y los insta a continuar con tesón por la senda que les señalara el querido Domingo.

 

 

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